Guille y yo - Luis María Ruíz, lruiz@lagaceta.com.ar
Tal vez algunos digan que se me identifica con Guille porque es el varón más bajito de la tira. Zin embadgo, no ez azí, quedido lectod (de hecho, en la Redacción hay periodistas más petisos, como mis amigos Juampi Durán y Julito Marengo). Lo que me gusta del hermanito de Mafalda es que no tiene filtros; además, suele hacer comentarios bastante ácidos, pero siempre con humor. También me divierte que tenemos un hobby en común: molestar a la gente. Es que Guille espera que sus travesuras y sus ocurrencias diviertan a los demás tanto como lo divierten a él, algo que rara vez ocurre. No lo hace con maldad; simplemente es así.

Mafalda y yo - Silvina Cena, scena@lagaceta.com.ar
Es tan genial Mafalda y tan auténtica, tan llena de verdades y clarividencia, que equiparársele puede resultar un acto de honda vanidad, más cercano a Susanita que a ella misma. Más que un espejo, Mafalda ha sido para mí la voz de la conciencia (o el inquilino que uno tiene dentro, como ella diría): esa que dicta que la franqueza es una bandera innegociable, que el humor es el prisma más recomendable para observar la realidad, y que el análisis del mundo es una tarea obligada y hasta lógica si se pretende habitarlo. También se me pegó de ella el pesimismo, aunque esto no se lo agradezco. Eso sí: todas las sopas que Mafalda rechazó, las he tomado yo.

Felipe y yo - Alvaro Medina, amedina@lagaceta.com.ar
El primer vínculo entre el personaje y yo surgió cuando era niño, luego de un "sos igual a Felipe" exclamado por mi mamá. Ella insistía en que haciera los deberes y yo le contesté que no me gustaba ir a la escuela porque me quitaba tiempo para reflexionar sobre cosas importantes. Felipe es un personaje capaz de legalizar la distracción, porque así se convertiría en creatividad, y de revalorizar la ingenuidad transformándola en optimismo. Felipe puede permitirse ser enamoradizo porque eso lo convierte en un romántico. Pero por sobre todas las cosas, Felipe es un soñador. Algo que a muchos nos gustaría ser, aunque suene a distraído e ingenuo.

Miguelito y yo - Santiago Pérez Cerimele, scerimele@lagaceta.com.ar
Miguelito es un cronopio que derrite de ternura el corazón más pétreo. Es un nene capaz de vivir medio siglo convencido de que la plata no es sino un papelito que sirve para comprar cosas. Así lo conocí; y lo elegí de amigo. Porque me gusta que mis amigos combinen la más tierna inocencia con la siempre latente posibilidad de que un día de estos den el ¡Miguelazo! Admito que no podría optar por una sola tira de Mafalda "protagonizada" por él. Tampoco quiero obligarme a realizar tal reducción. Prefiero quedarme con todas; porque cada una de ellas me arranca una carcajada. Y por eso, precisamente, Miguelito me resulta imprescindible... Porque la risa lo es.

Susanita y yo - Florencia Bringas, fbringas@lagaceta.com.ar
Aún conservo juguetes de mi infancia. Tacitas de plástico que imitan a la vajilla de porcelana, bebotes, cochecitos, disfraces. De chica jugaba a ser grande: mamá, bailarina de ballet o actriz. Como Susanita, soñaba con muchos hijitos, pero la vida me llevó a concretar con mucho esfuerzo una carrera profesional. Hoy le doy prioridad a mi trabajo, pero sin dejar de pensar en esa familia que añoraba desde pequeña. Me preocupo por mi imagen y me gusta mucho la moda, aunque lejos estoy de su racismo y del deseo de pertenecer a la clase acomodada. Y a diferencia de Susanita, que no soportaba a Manolito, hoy mi mejor amigo es un gallego cascarrabias.

Manolito y yo - Jorge Carlos Alvarez - jalvarez@lagaceta.com.ar
Siempre me identifiqué con él. Y no por lo bruto. Sino porque este hijo de españoles no es un simple artista invitado a la tira de Mafalda, ni yo lo soy en la vida. Es "el" personaje. Pero su cerebro está programado sólo para sacar cuentas. Ayuda a su padre en la PyME familiar. Junto con Guille disfruta de la sopa. Además denosta a los Beatles, como yo. Su ídolo es Rockefeller y su meta es tener dinero como fruto de su trabajo. Como yo. Además, a diferencia de Mafalda no se plantea nada ni quiere cambiar al mundo. Su mundo está perfecto, a tal punto que los psicólogos se morirían de hambre esperando su visita.

Es simple y es directo en sus apreciaciones. Es Manolito...

Libertad y yo - Natalia Viola - nviola@lagaceta.com.ar
Aunque no es una de las que más interviene en la tira, siempre me gustó el personaje de Libertad, y es con el que más me sentía identificada. Algunos pueden pensar que es por la altura -ya que es muy bajita- pero lo que me fascinaba de ella es que no tenía problemas para expresar sus ideas, por más utópicas que parecieran. Se trataba de una niña hiperidealista. Ahí nuestra conexión. Estaba convencida de que las cosas siempre podían estar mejor: la sociedad, el mundo, el trabajo, y que para eso se necesitaban soluciones simples, pero revolucionarias. Muchas veces terminaba desilusionada por la realidad. Por incisiva, irónica y agrandada.